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Imagina que recibes un correo de tu jefe a primera hora. Te pide hacer una transferencia y deja claro que es urgente. El mensaje tiene su firma, utiliza el tono habitual y parece venir de su dirección. Todo encaja, o eso parece pero lo mismo estas cayendo en un CEO fraud, la popular estafa en la que un hacker se hace pasar por tu jefe.
En realidad, puede tratarse de un “fraude del CEO”. En este tipo de estafa, los ciberdelincuentes se hacen pasar por un directivo para conseguir que un empleado realice un pago o facilite información. La suplantación del jefe funciona porque juega con algo muy humano: la confianza en quien da la orden.
El fraude del CEO es una modalidad de phishing dirigido en la que un ciberdelincuente suplanta a una persona con autoridad dentro de una empresa. Lo habitual es que se haga pasar por el CEO, el director financiero u otro responsable con la capacidad para solicitar pagos.
El objetivo suele ser conseguir una transferencia de dinero. Para ello, el atacante utiliza un correo electrónico, una llamada o incluso una videollamada.
A diferencia del phishing tradicional, aquí se hace un trabajo de investigación previo en vez de enviar el mismo mensaje a cientos de personas esperando que alguien caiga.
El ciberdelincuente puede revisar la web de la empresa, LinkedIn o publicaciones en redes sociales. También puede buscar quién trabaja en el departamento financiero o cuándo está de viaje un determinado directivo.
Con esa información, prepara una suplantación del jefe mucho más creíble. Incluso puede conocer el nombre de un proveedor o una operación en curso.
El ataque suele empezar con un mensaje aparentemente normal. Puede llegar desde una dirección falsa muy parecida a la corporativa. A veces basta con cambiar una letra del dominio para que pase desapercibida.
El contenido siempre suele tener algo en común: prisa. “Necesito que hagas esta transferencia hoy”.
El objetivo es que el empleado actúe antes de comprobar si la petición es real. La presión y la jerarquía juegan a favor del atacante.
Una estafa empresarial de este tipo puede funcionar especialmente bien cuando la petición parece venir de alguien que normalmente no se cuestiona.
En algunos casos, el ciberdelincuente incluso continúa la conversación. Puede responder a las dudas del empleado, añadir nuevos detalles o llamar por teléfono para reforzar la petición.
La suplantación del jefe se convierte así en una conversación aparentemente normal. Precisamente por eso puede resultar tan difícil de detectar.
La inteligencia artificial ha añadido una nueva dificultad al fraude del CEO: los correos han sido reemplazados.
Con herramientas de clonación de voz, un atacante puede imitar la voz de una persona a partir de grabaciones disponibles en internet. Una entrevista, una presentación o un vídeo corporativo pueden proporcionar material suficiente para crear un engaño.
También han aparecido casos en los que se utilizan deepfakes durante videollamadas. El atacante intenta aparentar que es el directivo real y aprovecha la conversación para solicitar una transferencia.
Esto cambia algo que hasta ahora parecía bastante seguro: escuchar la voz de una persona o verla en una videollamada ya no garantiza que sea ella.
Por eso, ante una petición relacionada con dinero, la mejor defensa sigue siendo comprobarla por otro canal.
El fraude del CEO no es un riesgo lejano ni algo que solo afecte a grandes multinacionales.
Una empresa minorista española llegó a perder más de 9 millones de euros después de sufrir una estafa de este tipo. En Estados Unidos, una compañía de telecomunicaciones transfirió 46 millones de dólares a cuentas controladas por ciberdelincuentes tras una suplantación similar.
Una pyme también puede convertirse en objetivo. De hecho, su estructura más pequeña puede hacer que existan menos controles o que una persona concentre varias funciones.
La primera medida es sencilla: no dar por válida una petición de pago solo porque parezca proceder de un superior.
Si llega por correo, confirma la solicitud por otro medio. Llama al número que ya tengas guardado de esa persona. No utilices el teléfono incluido en el mensaje, ya que también puede formar parte del engaño.
También es recomendable establecer protocolos internos para las transferencias. Por ejemplo, exigir una segunda autorización cuando se supere una determinada cantidad.
La formación del equipo también es clave. Quienes gestionan facturas y pagos deberían saber identificar dominios sospechosos, mensajes demasiado urgentes y cambios inesperados en los procedimientos habituales.
Además, recomendamos revisar la información que la empresa y sus empleados publican en internet. Contar dónde está un directivo, qué proveedores tiene la compañía o quién se encarga de cada tarea puede dar pistas útiles a un atacante.
Si un correo, llamada o mensaje te genera dudas, lo más importante es no actuar con prisa.
Antes de realizar una transferencia, comprueba quién ha enviado la solicitud y confirma la operación mediante un canal diferente. Si la petición incluye cambios en una cuenta bancaria, verifica también los datos directamente con el proveedor.
Y si ya se ha realizado el pago, avisa cuanto antes a la entidad bancaria y al responsable de seguridad de la empresa. El tiempo puede ser determinante para intentar detener o recuperar la operación.
También conviene conservar los correos, números de teléfono, mensajes y cualquier otro dato relacionado con el incidente. Esta información puede ayudar a investigar lo ocurrido y a evitar que vuelva a suceder.
El fraude del CEO se aprovecha de la confianza y de la urgencia, no de un fallo técnico. Por eso, dedicar un minuto a comprobar una petición de pago por otro canal sigue siendo, hoy por hoy, una de las medidas más sencillas y efectivas que puede tomar cualquier empresa, sea cual sea su tamaño.
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