Sostenibilidad de la empresa: autoconsumo y energías renovables


¿Ha salido reforzada la economía mundial tras la crisis? Pese a que todavía existen múltiples dudas en torno al impacto real de la recesión, y al futuro de las instituciones públicas en un contexto de máxima polarización y desgaste, lo cierto es que el punto de inflexión en las empresas parece ya notorio.

Desde grandes corporaciones a pymes y autónomos; el mundo empresarial se adapta y prepara para afrontar la próxima década respondiendo a una sostenibilidad que en España podría pasar a través del autoconsumo y las energías renovables.

Responsabilidad en un mundo más responsable

El impulso del teletrabajo no solo está teniendo efectos directos sobre la conciliación de los trabajadores. La sociedad en su conjunto ha percibido cómo el descenso en la movilidad de las ciudades conllevaba una reducción drástica de la contaminación.

Caían los niveles de estrés, los problemas de infraestructura, y sí, también los costes fijos de multitud de negocios. No todos han podido adaptarse a esta nueva realidad, pero aquellas empresas que sí lo han hecho vislumbran ahora un futuro más sostenible.

De acuerdo con la encuesta “Sostenibilidad y rentabilidad: en busca de un equilibrio” de Longitude y Smurfit Kappa realizada entre 200 ejecutivos, el 72% del tejido empresarial de las islas considera que la inversión en productos sostenibles será una de las tendencias predominantes en los próximos años.

8 de cada 10 compañías, de hecho, ve en la sostenibilidad una oportunidad de negocio evidente para crecer y ampliar el negocio. Este es solo el efecto más directo sobre uno de los muchos sectores manufactureros.

La necesidad de alinear el uso de los recursos con las previsiones medioambientales hace del compromiso y la transparencia dos elementos claves en la nueva Responsabilidad Corporativa. “La sostenibilidad tendrá un papel fundamental en las futuras estrategias comerciales”, opina el director financiero Ken Bowles.

La crisis climática seguirá existiendo después de la pandemia”. Y para afrontarla, las empresas mirarán de cerca los raíles marcados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, u ODS, por las siglas que definen al propósito social de las Naciones Unidas.

Tal y como recoge el informe “2030 Purpose: Good Business and a Better Future” elaborado por Deloitte, el 40% de las compañías que cotizan en el IBEX-35 ya contemplan los ODS en sus informes de sostenibilidad. Los resultados, previos a la pandemia global y su crisis aparejada, invitan a pensar en un crecimiento continuado de esta tendencia.

Si antes de este evento mundial, solo un 20% de las empresas medían las contribuciones de sus acciones en la llamada “Agenda 2030”, ahora el porcentaje podría haberse doblado.

Para alcanzar la interdependencia entre desarrollo sostenible y éxito empresarial, las empresas deben articular un propósito claro, vinculado a los grandes retos del desarrollo sostenible, y utilizarlo para dar forma a los planes y la cultura de la organización”, recoge la consultora. Ahora bien, no es un proceso sencillo, y serán necesarios esfuerzos titánicos para responder a las demandas del nuevo consumidor.

Y es que, el incentivo entre las empresas para apostar por la sostenibilidad no será íntegramente genuino. Ser entendido, a nivel social, como un negocio responsable y generador de valor puede ser crucial en los saturados mercados del futuro.

Consumidores e inversores cuentan con más información que nunca, y quieren que las empresas asuman la responsabilidad por la presión bajo la cual se encuentra nuestro planeta y su población”, recoge el “Advancing Sustainable Development”.

A la sobreinformación proporcionada por las redes, el traspiés económico ha añadido un sentimiento fraternal anclado en la responsabilidad de las empresas por hacer un uso coherente de los recursos. Así, el 61% de los consumidores espera que las marcas tengan políticas de sostenibilidad claras, muchos ya adquieren bienes producidos de forma ecológica, y el 56% está dispuesto a pagar más por un artículo o servicio moldeado de manera sostenible.

Todo ello está empujando a las empresas a reestructurar sus modelos de negocio, y ha abandonar viejas prácticas de demostrada efectividad. Eso sí, los expertos recomiendan medir el entusiasmo y seguir apostando por la eficiencia.

La sostenibilidad es un catalizador del crecimiento, pero las empresas deben encontrar un equilibrio entre estas prácticas y la rentabilidad, si desean conseguir la aceptación de las partes implicadas a largo plazo”, matiza Tony Smurfit, CEO de Smurfit Kappa. Los negocios que aprecien, por tanto, el valor de invertir ahora en estas cuestiones, “tendrán más posibilidades de ganar en el futuro”.

Las empresas españolas sostenibles

¿Existen ya empresas líderes acogidas a esta postura? La realidad es que sí, y las evidencias de ello suelen circunscribirse al uso de energías limpias y a modelos productivos orientados hacia el autoconsumo y la independencia de terceros agentes.

Resulta complicado establecer unos estándares para detectar a estas empresas, ya que el margen de acción varía en función del sector, la propia compañía y los recursos disponibles, pero se puede acudir a índices creados ad hoc para tal interés.

Destaca por ejemplo el Banco Santander, entidad que a fecha de septiembre de 2019 obtenía 86 puntos sobre 100 en el Dow Jones Sustainability Index (DJSI), y que está siguiendo un marco de gestión compatible con la contribución al progreso socioeconómico bajo una mesura en el impacto ambiental de cada decisión.

A fecha de 2018 solo 15 empresas formaban parte de esta lista compuesta por más de 300 compañías, siendo considerado como el tercer mejor banco del mundo y el primero en Europa el proyecto liderado por Ana Botín.

En el mismo índice también destaca la líder mundial del sector de la construcción e ingeniería, Ferrovial. La corporación capitaneada por Ignacio Madridejos Fernández lleva inscrita en el DJSI desde el año 2002, y también aparece en otros índex como el FTSE4Good, el CDP (Carbon Disclosure Project), el MSCI o el STOXX. Lo hace gracias a un aclamado programa de Infraestructuras Sociales con notables resultados de sostenibilidad en el territorio africano y latinoamericano.

Ya relativa al propio sector energético, cabe destacar el compromiso que Endesa ha adquirido para con los ODS. Desde la cúpula directiva de esta multinacional se asume el papel que deben ejercer las “grandes energéticas” en el impulso de modelos de consumo más responsables. Y eso pasa directamente por implicarse en metas consensuadas para luchar contra el cambio climático.

En Endesa estamos firmemente comprometidos con esa agenda, que contribuimos a elaborar”, recoge su web. “Reconocemos la oportunidad histórica que suponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la importancia de la implicación del sector privado para superar los principales desafíos a los que la sociedad se enfrenta”.

La compañía se ha propuesto la descarbonización del 100% del mix energético para el año 2050, como labor para cumplir el objetivo número 13 de los ODS. Y más importante, ha invertido 3,8 millones de euros en desarrollo y gestión de activos renovables para el periodo 2019-2022, como parte del objetivo 7.

Asimismo, pretende que 4,8 millones de personas sean beneficiarias de programas de formación y capacitación de la energía, accesibilidad y fomento de la eficiencia energética entre 2015 y 2030.

Todas estas empresas ya venían realizando una labor destacada en cuestiones de sostenibilidad, pero esto no quiere decir que no haya todavía un largo camino por recorrer. Los efectos de la crisis sobre los programas de RSC todavía tardarán en percibirse, y mientras tanto seguirán perpetuándose determinados obstáculos al éxito del propósito defendido por las Naciones Unidas. Deloitte resume estas tareas pendientes en una serie de puntos:

  • La mayoría de las empresas no anuncian explícitamente un propósito.
  • No todas las empresas relacionan su propósito con los ODS.
  • La amplia mayoría de las empresas siente que contribuye de otras formas a la sociedad.
  • Las empresas encuentran dificultades a la hora de desarrollar el propósito en todas las áreas de su organización.

Energías renovables: un valor nacional en el mercado internacional

En España, donde se supera la media de 2.500 horas de sol al año, es uno de los países con más facilidades para acoger todo tipo de energías limpias. Se trata de un territorio, que, junto a Portugal, el sur de Italia, de Grecia, de Francia y la costa de Croacia, lleva ya más de una década caminando hacia el autoconsumo y el desarrollo de tecnologías encaminadas hacia la eficiencia energética.

Si bien es cierto que el conocido como “impuesto al sol”, lastró la expansión de este modelo de sostenibilidad, los cambios impuestos por el nuevo contexto económico han reincentivado tendencias entre instituciones, empresas y particulares, no muy antiguas.

La Red Eléctrica de España (REE) informaba el pasado mayo que, durante los dos meses previos, es decir, los más intensos de la cuarentena, las energías renovables alcanzaron una cuota del 49,4% y 49,9% del total de la generación eléctrica.

Cada vez son más las voces que piden a los gobiernos usar los planes de recuperación pos-COVID-19 para crear economías sostenibles”, asegura Inger Andersen, directora del programa Pnuma de la ONU.

Esta institución recoge en el estudio “Tendencias globales en la inversión en energías renovables 2020”, cómo, a pesar de que las inversiones en 2019 solo crecieron un 1% respecto al año anterior, se registró un incremento del 12% de potencia instalada. Es signo del interés manifiesto que existe en la protección del medioambiente por parte de los agentes que más responsabilidad portan en dicho reto.

Si los gobiernos aprovechan la disminución en los costos de las renovables para poner la energía limpia en el centro de la recuperación económica, darán un gran paso hacia un mundo natural saludable, que es una de nuestras mejores pólizas de seguro contra las pandemias", añade Andersen, quien considera insuficientes los esfuerzos institucionales en una crisis de semejante ruptura en los hábitos de consumo generalizados, para detener los dramáticos efectos del calentamiento global.

No cabe, sin embargo, ignorar que en 2019 creció el parque de generación renovable más que en ningún otro año registrado, y que, excluyendo a la gran hidráulica, el mundo invirtió un total de 282.200 millones de dólares en energías renovables.

La caída en los costes de capital habría tenido gran peso en estos datos, no obstante, resulta notorio la atención que acaparan los modelos de sostenibilidad a ojos de los inversores.

Las energías renovables, como la eólica y la solar, ya representan casi el 80% de la nueva capacidad de generación de electricidad”, apunta la ministra alemana de Medio Ambiente Svenja Schulze. “Los inversores y los mercados están convencidos de su fiabilidad y competitividad”. Lo que para ella representa una oportunidad única, una vez asimilada la “nueva normalidad”.

La promoción de las energías renovables -que mejoran la calidad del aire y por ende protegen de la salud pública- puede ser un motor poderoso para la recuperación de la economía después de la crisis de la COVID-19, un motor capaz de crear empleos nuevos y seguros”, apostilla.

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¿Cómo pueden las empresas adaptarse al futuro energético?

De acuerdo con previsiones del banco Goldman Sachs, en 2021 las inversiones en energía solar y eólica superará por primera vez a la realizada en energía fósil. La década que ahora se abre ante las empresas, con nuevos retos y oportunidades, marcará el principio de una nueva era liderada por un mercado valorado en unos 14 billones de euros, y ocupado por más de 20 millones de empleos en todo el mundo.

No es solo una cuestión de intereses particulares, o de inercias generadas por programas de Responsabilidad Social Corporativa iniciados antes de la pandemia. El punto de inflexión empujará hacia la sostenibilidad incluso a aquellas empresas menos preparadas o interesadas en ella.

Pero ¿cómo pueden lograrlo? El trabajo en el ámbito público puede servir como ejemplo a servir, aunque cada negocio deberá planificar en función a sus propias capacidades. Respaldo empírico existe. Es decir, que las inversiones no tendrán que hacerse sobre creencias o ideales.

La crisis financiera del 2008 ya demostró cómo las empresas que se guiaban por políticas ASG (Ambientales, Sociales y Gobernanza) eran mucho más resistentes a las desavenencias contextuales. Es precisamente por eso por lo que la respuesta del tejido empresarial a la nueva recesión está siendo muy diferente, y por lo que se ha ido diluyendo con el paso de los meses la decepción generalizada de los acuerdos alcanzados en la última Cumbre Mundial del Clima.

Ya sea por convencimiento o por presión social, las empresas están actuando de modo mucho más responsable y solidario, siendo rara la compañía que no haya participado o incluso lanzado alguna iniciativa social para paliar los efectos de la crisis en su equipo humano y/o determinados colectivos”, sostiene Fernando Ibáñez, director general de Ética y presidente del Club de Empresas Responsables y Sostenibles (CE/R+S).

La tendencia generalizada hacia la reestructuración ha provocado que muchas empresas se lancen hacia la adopción de propósitos en rima con los ODS, sin tener muy claro qué es lo que están persiguiendo. Por eso la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (WCED) consideró importante definir la “sostenibilidad” desde un enfoque práctico para los negocios.

De esa manera, una empresa con un desarrollo sostenible sería aquella “que responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de que las futuras generaciones puedan responder a sus propias necesidades”. Y en términos de sostenibilidad medioambiental, la proveedora de software de gestión, Business at Speed, expone una serie de indicadores habituales para medirla en las empresas.

  • Ciclo de vida del producto.
  • Calidad del producto.
  • Salud ambiental.
  • Uso de equipamiento.
  • Cantidad de agua usada.
  • Cantidad de energía usada.
  • Cantidad de materiales usados, reutilizados y reciclados.
  • Huella de carbono.
  • Necesidad de transporte (medido en emisiones de CO₂).

El petróleo necesita ser refinado y transportado, el gas debe ser comprimido y luego enviado o canalizado. El carbón es un producto a granel que también necesita ser transportado”, opina Randeep Somel, director de inversiones de renta variable de M&G. “Los recursos renovables no tienen este coste de uso continuo. Esto les da una gran ventaja competitiva.”

Las empresas se encuentran en el momento perfecto para iniciar un camino sin meta visible y repleto de peligros. Pero aquellas que no lo hagan serán empujadas al arcén sin posibilidad alguna de vislumbrar las posibilidades que se descuelgan de un futuro más comprometido y sostenible.

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