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¿Mejoraríamos nuestro rendimiento con una semana laboral de cuatro días?

11 min

Algunas teorías indican que a menor tiempo de trabajo, mayor productividad


Un sistema laboral con racionalización de horarios. Así es como entendemos nuestra jornada de trabajo desde que, a principios del siglo XIX, el mundo se parara a escuchar la propuesta reformista del empresario y socialista utópico galés Robert Owen, que abogaba por “ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho de sueño”.

Si el siglo XIX se apostó por un horario laboral humanizado, en el siglo XX se asentó el derecho del trabajador a un fin de semana de dos días con vacaciones pagadas. Pero el mundo ha seguido evolucionando a un ritmo vertiginoso y son muchas las voces que pronostican que el gran avance del siglo XXI pasará por conseguir una semana laboral de cuatro días.

Esta nueva fórmula de trabajo parece convencer a los trabajadores y despierta el recelo en parte del tejido empresarial, que pone en duda si los empleados serán capaces de mejorar su rendimiento y aumentar su productividad contando con un día menos de trabajo a la semana. La respuesta quizá podamos encontrarla en quienes ya han puesto en marcha esta práctica.

Productividad Empresa

Nueva Zelanda a la cabeza

Cuando los directivos de la empresa neozelandesa Perpetual Guardian, dedicada a la gestión de patrimonio y con 250 trabajadores, propusieron a sus empleados la posibilidad de tener una semana laboral de cuatro días, la respuesta fue casi unánime: el 78% estuvo de acuerdo.

Durante dos meses los trabajadores fichaban los lunes a primera hora y se despedían de sus compañeros los jueves por la tarde. Ocho horas de trabajo, cuatro días a la semana y percibiendo el mismo sueldo que les correspondería si trabajaran de lunes a viernes. Detrás, todo un equipo de investigadores independientes midiendo conceptos como el nivel de satisfacción o estrés, o el rendimiento de los empleados.

Tras la finalización del periodo de prueba, Jarrod Haar, jefe del Departamento de Recursos Humanos de la University of Technology de Auckland, concluyó que las posibilidades de conciliación de los trabajadores mejoraron en 24 puntos porcentuales. Esa fue la primera y más definitiva de las ventajas que supuso el nuevo método.

Para alcanzar sus objetivos, los trabajadores de Perpetual Guardian desarrollaron iniciativas que les ayudaron a trabajar de una manera más productiva y eficiente, automatizando procesos manuales, disminuyendo considerablemente el tiempo de las reuniones y reduciendo el uso de Internet no relacionado directamente con el trabajo. Con estas sencillas medidas, el rendimiento individual se incrementó de forma evidente, los niveles de estrés se redujeron en un 7%, mientras que la satisfacción general con la empresa aumentó un 5% y mejoraron significativamente factores como el absentismo laboral, el compromiso y la alineación de los empleados con los valores de la compañía.

Con estos datos en la mano, los investigadores concluyeron que la forma con la que los empleados afrontaban su reducida semana laboral les hacía ser más productivos y estar más concentrados, una afirmación también avalada por la Saïd Business School de la Universidad de Oxford.

Los resultados referentes al aumento de la satisfacción y la productividad en el entorno laboral fueron tan concluyentes que la empresa adoptó permanentemente la fórmula de una semana laboral flexible y el ministro de Relaciones Laborales de Nueva Zelanda, Ian Lees-Galloway, animó a las empresas del país a contribuir avanzando en esta línea.

Países pioneros

La empresa neozelandesa Perpetual Guardian no es la única que ha pensado en una reducción de la semana laboral. La Organización Internacional del Trabajo lleva años apoyando trabajar solo de lunes a jueves. En la opinión de sus expertos, descansar tres días consecutivos supone menos problemas de salud a los empleados.

En países como Japón o Corea, que tienen incluso una palabra en el idioma para definir la “muerte por exceso de trabajo”, la opción ha comenzado a despertar la curiosidad de los empresarios y el Gobierno japonés apoya a las empresas que dan el lunes por la mañana libre a sus empleados.

Suecia en su día puso en práctica la jornada laboral de 30 días en el sector público, pero el proyecto se abortó por la necesidad de contratar personal extra al no poder sacar adelante los funcionarios el volumen de trabajo previsto. En Francia, sin embargo, la jornada laboral de 35 horas que apoyaba el gobierno socialista fue duramente criticada por los empresarios.

Gran Bretaña está actualmente envuelta en un debate sobre la conveniencia de instaurar esta medida, con los sindicatos y el Partido Laborista presionando para que comience a implantarse. Y en España, la opinión generalizada del sector empresarial es que se necesitan medidas de conciliación intermedias antes de dar el gran salto de la reducción de la semana laboral.

En cualquier caso, detrás de todas estas opciones subyace siempre la misma duda que es, precisamente, el epicentro de la decisión: ¿realmente mejoraría una semana laboral de cuatro días la productividad de los trabajadores?

Una eficaz gestión del tiempo

Un estudio realizado el año pasado por Vouchercloud en Reino Unido acerca de los hábitos y productividad de los trabajadores concluyó que un trabajador de oficina solo es realmente productivo durante 2 horas y 53 minutos de su jornada laboral. El resto del tiempo muestra un bajo rendimiento, en gran medida como consecuencia de la distracción que supone la tecnología en el puesto de trabajo o la propia actitud disipada del empleado, en gran parte reforzada por el comportamiento de sus propios compañeros.

Con estos indicadores, parece claro que la clave a la hora de ser más productivo con menos tiempo de trabajo pasa por una gestión racional del horario. Algunos expertos indican que cuando tienes menos tiempo para trabajar, tiendes a aprovecharlo mejor. Por tanto, en una semana laboral de cuatro días los trabajadores muestran predisposición a concentrarse más y a distraerse menos, aumentando así el tiempo eficiente de desempeño de las funciones.

Reunion Equipo

La trabajadora social Cristina Álvarez de la Fuente, que estuvo durante unos meses trabajando de lunes a jueves, confirma esta teoría. “Sabes que tienes menos tiempo y te concentras más en tus tareas. Las jornadas son más intensas y algo más estresantes, pero el esfuerzo merece la pena si puedes disfrutar de un fin de semana largo. Tres días sirven para recuperarse mejor antes de comenzar otra semana laboral y ese día libre que antes no tenías puedes emplearlo para descansar, para solucionar cuestiones personales e incluso para seguir formándote, lo cual no solo te beneficia a ti, sino también a tu empresa”, señala.

En cualquier caso, Cristina matiza que “en mi opinión este tipo de distribución de la semana laboral es más llevadero cuando hace referencia a jornadas inferiores a 40 horas. De esta manera puedes repartir mejor la carga de trabajo sin necesidad de tener que hacer horas extras”.

Todo parece indicar que el día más indicado para ser eliminado de la semana laboral es el previo al fin de semana. La conocida como “fatiga del viernes”, que no es más que el cansancio acumulado de lunes a jueves, hace que sea el menos productivo. Si se le pregunta a los empleados, no solo están de acuerdo en querer un fin de semana de tres días, sino que, además, un 45% de los trabajadores considera que puede liquidar su trabajo diario en apenas cinco horas, según se señala en un informe realizado por la consultora Robert Half en función de una encuesta realizada entre más de 2.000 trabajadores.

Si hablamos de España, un 3,6% de los trabajadores -o lo que es lo mismo, 658.000 empleados- está dispuesto a rebajar sus ingresos a cambio de recortar su jornada, según un informe publicado por la empresa de recursos humanos Ranstad. El estudio también indica que la conciliación se ha convertido en el segundo motivo más importante de los españoles a la hora de elegir trabajar en una empresa, por detrás del salario.

¿Estamos preparados en España?

Cuando el entonces presidente del Gobierno Mariano Rajoy hizo alusión en el transcurso de la campaña electoral de 2016 a la posibilidad de que las empresas cerraran sus puertas a las 18 horas comenzó el debate acerca de si la medida sería factible. Quizá sea porque los horarios que se manejan en España son diferentes a los que tienen en el resto de Europa.

En España la jornada laboral comienza y termina más tarde. Según la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), aunque ocho de cada diez españoles están dispuestos a entrar y salir antes de su trabajo, la realidad es que muchos trabajadores no terminan su jornada laboral hasta las ocho de la tarde.

El denominado “presentismo” es un hecho en nuestro país. Un gran número de empleados afirma sentir miedo de levantarse de su silla una vez cumplidas sus horas de trabajo y que este hecho sea considerado como una falta de interés por sus superiores. Con esta premisa, el número de horas no va acorde al rendimiento del trabajador.

Según la OIT, los españoles trabajan 1.686 horas anuales, una cifra superior a la de los alemanes (1.396 horas), franceses (1.476) u holandeses (1.413), pero eso no quiere decir que sean más productivos. El Informe 2012 de la Fundación BBVA-Ivie sobre Crecimiento y Competitividad marcaba para España 68,5 puntos en productividad por hora trabajada, frente al 75,9 de la Eurozona. La conclusión es que el rendimiento no procede de la permanencia en el puesto de trabajo, sino en el aprovechamiento del tiempo a través de una organización eficiente del trabajo y la propia responsabilidad del trabajador.

Opiniones en contra

Pese a que todos los datos indican que el empleado podría aumentar su rendimiento reduciendo su semana laboral, la medida es mirada con recelo en ciertos sectores empresariales. Una de las razones hay que buscarla en la competencia. Es difícil abrir solo de lunes a jueves, cuando otra empresa de tu sector lo hace de lunes a viernes. La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) concluye que este problema se arreglaría simplemente acostumbrando a la población a una nueva realidad.

Otro de los hándicaps a la hora de instaurar la semana laboral de cuatro días semanales pasa por la propia naturaleza de la empresa que se acoge a la medida. No es igual una compañía con una actividad liberal que una organización que presta un servicio continuado e imprescindible a la sociedad. En este último caso, la semana de cuatro días tendría que estar basada en turnos de empleados, lo cual produciría, además de problemas logísticos, una posible merma en su concentración.

El problema se agravaría en aquellas compañías en la que los trabajadores no desempeñan las mismas tareas. Si la política de la empresa pasa por no contratar a nuevos empleados, tener que cubrir a un compañero en una labor para la que no se está debidamente cualificado supone, a la larga, una pérdida de productividad.

Por otra parte, los detractores de la semana laboral de cuatro días hacen hincapié en el estrés al que estarían sometidos los empleados, que tendrían que hacer frente al mismo trabajo en menos días. Una presión añadida que podría derivar en enfermedades somáticas o psicológicas, reduciendo la productividad del empleado y perjudicando por tanto a la empresa.

Del mismo modo, quienes critican la reducción de la semana laboral señalan que una baja por enfermedad desencadenaría picos elevados de trabajo si después empleado tiene que ponerse al día disponiendo de menos tiempo. Además, auguran que es probable que los trabajadores tuvieran que hacer horas extras para sacar adelante el mismo volumen de trabajo en un plazo inferior.

Medidas alternativas

Frente a los detractores de la reducción de la semana laboral surgen estudios como el realizado por la Universidad de Melbourne, que indica los mayores de 40 años son más productivos cuando trabajan tres días a la semana.

Este mismo informe afirma que, de media, a lo largo de un día de trabajo gastamos algo más de 60 minutos navegando por Internet, 44 minutos en redes sociales, 40 minutos hablando con los compañeros, 23 minutos descansando, 18 en llamadas telefónicas de temas personales, 17 frente a la máquina del café, 14 enviando mensajes telefónicos, 8 comiendo tentempiés y 7 más preparándonos la comida. Un gasto innecesario de tiempo que no se produciría si estamos más concentrados en nuestras tareas porque disponemos de menos tiempo para realizarlas.

A pesar de que las evidencias indican que la reducción de la semana laboral podría implicar un incremento del rendimiento de los empleados, un gran número de expertos considera que la sociedad, al menos la española, no está preparada para hacer el salto a cuatro días de trabajo semanales. Por el contrario, proponen poner en marcha otra serie de medidas orientadas a la conciliación.

Y mientras la propuesta de trabajar cuatro días se observa en un horizonte lejano, comienza a perfilarse un cambio de mentalidad que podría reflejarse en contratos centrados en el nivel de productividad de un trabajador y no en el número de horas que tiene que permanecer en su puesto de trabajo. En este sentido, el teletrabajo puede convertirse en una excelente posibilidad para trabajador y empresa.

Apostar por medidas que fomenten la conciliación y la calidad de vida de los empleados, reducir sus niveles de estrés, aumentar su motivación y su equilibrio emocional, y hacer del lugar de trabajo un espacio cómodo, humanizado y agradable, reduciendo incluso el impacto medioambiental de la empresa, también son iniciativas efectivas para lograr un aumento del rendimiento. Es el smart working, un concepto que está tomando fuerza en las compañías bajo la premisa de que no hay nadie más deseoso de tener empleados contentos que el propio empleador.

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