Guia para elegir tu primer CRM - Jacob Wackerhausen
Los contactos dispersos y los seguimientos pendientes pueden complicar el día a día de un negocio pequeño. Un CRM te ayuda a organizar la información de tus clientes, pero conviene compararlos antes de contratar. ¿Cómo puedes encontrar y elegir uno que encaje con tu forma de trabajar? Consulta esta guía.
Podrías comenzar la búsqueda con aquel presupuesto que quedó pendiente de respuesta, la llamada que olvidaste devolver o la conversación que solo recuerda tu compañero.
Tener esta información ordenada permite retomar cada contacto sin perderte entre correos, notas y mensajes. Para elegir, merece la pena que pruebes con situaciones que reconozcas.
Un CRM es un programa para organizar la relación con tus clientes actuales y potenciales. Según sus funciones, puede reunir datos de contacto, permitirte consultar conversaciones, registrar oportunidades comerciales y programar tareas.
Te permitirá saber qué se ha hablado y cuál debería ser el siguiente paso.
Conviene distinguir entre CRM y ERP. El primero se centra en la relación con los clientes, mientras que el otro abarca la gestión de recursos y procesos del negocio. Algunas soluciones las combinan, pero hay que revisar qué incluye cada plan.
El tamaño de tu plantilla, por sí solo, dice poco. Puedes trabajar sin ayuda y necesitar hacer seguimiento de muchos presupuestos o tener varios empleados y pocos contactos comerciales.
La pregunta clave es: ¿el sistema que usas te permite responder y recordar los pendientes con facilidad?
Antes de mirar programas, apunta tres dificultades concretas. Podrían ser localizar el último presupuesto enviado, recordar cuándo volver a llamar y saber quién atiende cada consulta. Esa lista te ayudará a valorar las herramientas digitales según lo que necesitas.
Pensemos en un ejemplo. En una empresa pequeña de reformas, un cliente pide cambios en su presupuesto. El CRM permite guardar la versión actualizada y programar el siguiente contacto, permitiendo que el equipo sepa qué se ha acordado y qué queda pendiente.
Esta gestión también define quién actualizará. Si dos personas responden a los clientes, ambas deben saber dónde registrar los cambios. Define qué información guardarás después de cada contacto y quién revisará las tareas pendientes.
El programa necesita de una rutina sencilla para ser útil.
En primer lugar, comprueba que puedas crear fichas de clientes, añadir notas, buscar contactos y programar recordatorios. Si trabajáis varias personas, revisa cómo se asignan responsables.
También es importante visualizar el estado de cada presupuesto: por preparar, enviado, pendiente de respuesta, aceptado, descartado…
Se recomienda que busques nombres y pantallas que entiendas sin consultar continuamente un manual.
Adapta esa etapa a tu actividad: una academia, un instalador y un estudio de diseño pueden necesitar seguimientos distintos, aunque todos quieran atender mejor a sus clientes.
Las automatizaciones pueden ayudarte, por ejemplo, a crear una tarea cuando envías una propuesta. Antes de activarlas, comprueba cómo podrías detenerlas. Si incluyen mensajes al cliente, revisa su contenido y destinatario para evitar mensajes inoportunos o innecesarios.
Haz una lista de los medios que ya utilizas: correo, teléfono, calendario, formularios o mensajería. Pregunta qué conexiones admite el CRM y en qué plan están disponibles. Que una aplicación aparezca entre sus integraciones no explica, por sí solo, qué información se puede intercambiar.
Si quieres conectar el seguimiento comercial con tu sistema para crear, gestionar y enviar facturas, pide una demostración. Comprueba qué datos pasan de una herramienta a otra y qué tendrás que introducir manualmente. Esto permite detectar trabajo duplicado antes de contratar.
La captación también cuenta. Si necesitas mejorar la visibilidad de tu negocio, puedes consultar el servicio de Presencia Web de Yoigo Empresas. Después, establece cómo registrarás las consultas recibidas y quién las atenderá.
Cualquier conexión automática con el CRM deberá comprobarse por separado.
Anota el precio del plan que incluye tus funciones imprescindibles. Revisa si se paga por usuario, qué límites tiene y qué ocurre al superarlos. Una opción gratuita puede servir para empezar, siempre que sus condiciones encajen con el trabajo que vas a realizar.
Añade los posibles costes de configuración, formación, importación de contactos y conexiones adicionales. Comprueba también el periodo de contratación y las condiciones de cancelación.
Si el precio anunciado corresponde al pago anual, calcula cuánto tendrás que desembolsar y qué compromiso supone.
Compara el coste del CRM para tu equipo actual con el que pagarías al incorporar a otra persona. ¿Qué información podrías llevarte si cambias de proveedor? Además de los contactos, ¿interesa conservar las notas, las tareas, los archivos y el historial de cada cliente?
Cada persona debería tener su propio usuario y los permisos adecuados para su trabajo. Comprueba si puedes limitar quién consulta, modifica o exporta información, y cómo retirar un acceso. Revisa estas funciones en el plan que estás valorando, porque pueden variar entre versiones.
Para proteger las cuentas, utiliza contraseñas únicas y valora un gestor de contraseñas empresarial. Pregunta también si el CRM admite autenticación en dos pasos. Son comprobaciones prácticas desde el inicio, aunque el programa solo lo utilicen una o dos personas.
Si trabajas fuera del local, cuida la conexión al consultar datos de clientes y evita acceder desde redes wifi públicas sin las precauciones necesarias. Si eliges un CRM en la nube, pregunta cómo gestiona el proveedor las copias de seguridad y la recuperación de información
Solicita su documentación sobre privacidad y tratamiento de datos. Revisa también si ofrece ayuda en español, en qué horario y por qué canal. Durante la prueba, plantea una duda concreta: ¿la respuesta te permitirá valorar el soporte que tendrás cuando aparezca un problema?
Compara dos o tres opciones usando el mismo ejercicio: crear un cliente ficticio, registrar una consulta, anotar un presupuesto y programar una llamada. Si trabajáis en equipo, pedid a otra persona que retome el contacto y encuentre lo necesario para responder.
Después, prueba la importación y exportación con una muestra ficticia. Revisa los campos y los posibles errores.
Cuando elijas, empieza con los contactos activos y acuerda una rutina de actualización. Tu primer CRM debería facilitar que cualquier pendiente tenga un responsable y una próxima acción.
Organizar los contactos es un paso para trabajar con más claridad. Si eres autónomo, nuestros servicios digitales son un apoyo para mejorar el funcionamiento de tu empresa de forma fácil y rápida.
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