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Pasar demasiadas horas sentado es el día a día de muchos profesionales. Entre reuniones, correos, llamadas, tareas administrativas y trabajo frente al ordenador, es fácil terminar la jornada con la sensación de haberse movido muy poco. A esta acumulación de horas en la misma postura se la conoce popularmente como síndrome de la silla.
El problema no es solo trabajar sentado, sino hacerlo durante largos periodos sin pausas, sin cambios de postura y sin movimiento suficiente. En un contexto en el que la productividad suele medirse por horas frente a la pantalla, cuidar la salud en la oficina es cada vez más importante. Desde Yoigo, te damos todas las claves para ello.
El síndrome de la silla no es una enfermedad concreta, sino una forma sencilla de describir los efectos de pasar muchas horas sentado de manera continuada. Puede aparecer en oficinas, despachos, teletrabajo o cualquier puesto que implique permanecer frente a una pantalla durante gran parte del día.
Cuando el cuerpo se mantiene en la misma posición durante demasiado tiempo, pueden aparecer molestias en espalda, cuello, hombros, piernas o muñecas. También puede aumentar la sensación de fatiga, rigidez y falta de energía.
Además, el problema no siempre se soluciona solo con tener una buena silla. Un asiento adecuado ayuda, pero no compensa por completo una jornada sin movimiento. El cuerpo necesita alternar posturas, levantarse, caminar y activar la musculatura de forma regular.
Moverse durante la jornada no es perder tiempo: es una forma de cuidar la energía con la que trabajas.
No hace falta esperar a tener dolor para revisar tus hábitos. Hay señales sencillas que pueden indicar que el sedentarismo está afectando a tu día a día.
Por ejemplo, levantarte de la silla con rigidez, notar molestias al final de la jornada, sentir tensión en hombros o cuello, depender siempre del ascensor para evitar moverte o darte cuenta de que puedes pasar varias horas sin levantarte.
También puede ser una señal terminar el día con mucho cansancio, aunque no hayas realizado esfuerzo físico. A veces, la falta de movimiento genera una sensación de pesadez que se confunde con agotamiento normal.
Si esto ocurre con frecuencia, no se trata de alarmarse, sino de introducir cambios pequeños y sostenibles.
Una de las medidas más sencillas para combatir el síndrome de la silla es hacer pausas activas. No hace falta entrenar en mitad de la oficina ni hacer ejercicios complicados. Basta con levantarse, caminar unos minutos, estirar suavemente o cambiar de postura.
Puedes aprovechar momentos naturales del día: levantarte al terminar una llamada, caminar mientras hablas por teléfono, ir a por agua, subir escaleras o hacer una breve pausa entre tareas.
El objetivo es romper los bloques largos de inmovilidad. Si esperas a terminar toda la jornada para compensar, probablemente será más difícil. En cambio, pequeñas pausas repartidas durante el día ayudan a que el cuerpo no permanezca tantas horas en la misma posición.
Una buena forma de mejorar la salud en la oficina es organizar el trabajo para no pasar toda la mañana en la misma postura. No todas las tareas exigen estar sentado frente al ordenador.
Puedes revisar llamadas de pie, hacer reuniones breves caminando, imprimir o consultar documentos en otro punto de la oficina, colocar la botella de agua algo alejada o levantarte cuando necesites pensar una idea compleja.
También puedes agrupar tareas. Por ejemplo, dedicar un bloque a trabajo concentrado sentado y después hacer una llamada, revisar algo de pie o moverte unos minutos antes de volver al ordenador.
Moverse es fundamental, pero el puesto de trabajo también importa. Una mala configuración puede aumentar molestias, aunque hagas pausas.
La pantalla debería estar a una altura cómoda, evitando que tengas que inclinar demasiado el cuello. El teclado y el ratón deben permitir una posición relajada de hombros y brazos. Los pies deberían apoyar bien en el suelo o en un reposapiés, y la silla debe favorecer una postura estable.
También conviene revisar la iluminación, los reflejos en la pantalla y la distancia de visualización. Forzar la vista o trabajar con el cuello girado puede generar cansancio y tensión.
Si teletrabajas, evita convertir el sofá o la cama en puesto habitual. Pueden servir de forma puntual, pero no son adecuados para una jornada completa. Trabajar sentado muchas horas requiere un entorno preparado.
Uno de los errores habituales es pensar que existe una postura ideal que se debe mantener durante toda la jornada. En realidad, incluso una buena postura puede generar molestias si se mantiene demasiado tiempo.
La clave está en la variedad. Sentarte recto, apoyar la espalda, cambiar la posición de las piernas, levantarte, caminar, estirar y alternar tareas ayuda más que intentar permanecer inmóvil en una postura “correcta”.
Las reuniones son una de las grandes causas de jornadas sedentarias. Una reunión de una hora puede encadenarse con otra, y cuando quieres darte cuenta llevas media mañana sin moverte.
Antes de convocar una reunión, pregúntate si realmente hace falta o si se puede resolver con un mensaje, un documento compartido o una llamada breve. Si la reunión es necesaria, intenta que tenga duración ajustada y objetivos claros.
También puedes sustituir algunas de ellas por llamadas, caminando cuando no sea imprescindible mirar una pantalla. No todas las conversaciones necesitan una mesa y una silla.
Para reducir el impacto del síndrome de la silla, no necesitas cambiar toda tu vida de golpe. Lo más eficaz suele ser empezar con hábitos pequeños.
Puedes fijarte una alarma suave cada cierto tiempo, usar una app de recordatorios, levantarte siempre después de terminar una tarea concreta o convertir algunas llamadas en paseos cortos. También puedes dejar más lejos algunos objetos para obligarte a levantarte.
Otra idea sencilla es crear una rutina de inicio y cierre de jornada. Por ejemplo, caminar cinco minutos antes de empezar y otros cinco al terminar. Si teletrabajas, esto puede ayudarte a separar mejor la vida personal del trabajo.
Lo importante es que el movimiento sea fácil de repetir. Si depende de mucha fuerza de voluntad, será más difícil mantenerlo.
La salud en la oficina no depende solo de cada persona. La empresa también puede ayudar a reducir el sedentarismo en el trabajo creando un entorno que favorezca el movimiento.
Por ejemplo, puede fomentar pausas activas, revisar la ergonomía de los puestos, evitar reuniones excesivas, facilitar espacios para moverse, sensibilizar sobre hábitos saludables o promover dinámicas que no obliguen a estar sentado todo el día.
También puede formar a los equipos sobre el uso adecuado de pantallas, sillas, pausas y organización de tareas. En una pyme, no hace falta hacer grandes inversiones para empezar. A veces basta con normalizar que levantarse, estirar o caminar unos minutos no es una pérdida de tiempo.
Una cultura laboral saludable no se construye solo con mensajes. Se construye con hábitos que el equipo puede aplicar sin sentirse culpable por apartarse de la pantalla.
Y si teletrabajas, tu casa también es tu oficina, así que conviene que todo funcione con tranquilidad. Con Yoigo LUZ y GAS tienes tarifas con un precio fijo que no cambia según la hora del día.
Puedes encender el ordenador, la lámpara del escritorio o la calefacción cuando lo necesites, sin tener que organizar tu jornada en función del consumo. Así solo tienes que preocuparte de una cosa: acordarte de levantarte de la silla de vez en cuando.
Si quieres más información puedes acceder a nuestra web y para consutlas más detalladas puedes llamarnos al 900 622 314 y te atenderemos encantados.