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Ecommerce: clave para que la economía china supere el coronavirus

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Alibaba, JD.com o WeChat demuestran que China es un gigante del ecommerce indiscutible, capaz de superar el coronavirus y seguir siendo potencia mundial


China es el Emperador del ecommerce y ahí está la clave para que su economía supere casi cualquier obstáculo, en una racha convulsa como pocas: primero, Estados Unidos la bloquea y poco después, una nueva cepa de neumonía -ya sobradamente conocida como Coronavirus- se desencadena extendiéndose por todo el mundo y dejando a su paso -además de contagios y muertes- una narrativa más propia de una película apocalíptica que de un telediario.

Pocas economías en el mundo son capaces de aguantar con tanta entereza un temporal que no tiene pinta de remitir en el plazo más inmediato. Con la población más numerosa del mundo, el rol de fábrica que provee de artículos y componentes a todo el planeta a más de uno le vendría grande, pero no es el caso de China.

Coronavirus: fuerte pero no suficiente para acabar con China

Amenaza primero, temor confirmado después, el coronavirus ha golpeado a China al tener allí su epicentro, y la onda expansiva de ese golpe se está sintiendo a nivel mundial. Actividades de todos los ámbitos suspendidas por la paranoia que corre incluso más rápido que el virus en sí, las economías del mundo están recibiendo una paliza en forma de contagio para la cual la mayoría de los países no está preparado.

Impacto económico del coronavirus

China, por su parte, sobrevivirá y saldrá reforzada del impasse: ha quedado rotundamente demostrado con el coronavirus que necesitamos el músculo industrial y económico chino para funcionar en prácticamente todo el mundo.

Puñetazo de realidad que nos aclara la vista: parece que no lo hemos hecho del todo bien en cuanto nos hemos acostumbrado a creer que Silicon Valley es la meca del emprendimiento, poco menos que invencible, y que las startups que nacen en su seno son las más competitivas del planeta. Decir Silicon Valley, por supuesto, es una forma de referirse a Estados Unidos en su conjunto.

Ahí pueden incluirse gigantes de Seattle como Amazon e incluso Microsoft, especialmente tras el éxito de su plataforma de datos masivos Azure y la profunda transformación que ha capitaneado Satya Nadella. Además, no tardaremos en añadir Walmart a la mezcla, porque el mayor retailer del mundo está catapultando las ventas digitales de su división de supermercado y multiplicando la tecnología de sus tiendas.

Y puede que sí, que el corazón de la innovación y el emprendimiento tecnológico esté en Norteamérica, pero todo ello no debe hacernos perder la perspectiva de quién manda realmente en el comercio electrónico de forma abrumadora.

Mientras, como decíamos más arriba, China concentra la mitad de las ventas mundiales por internet, Estados Unidos tiene que conformarse con el 20% del total. Ya son pocos los que se atreverían a afirmar que el impulso combinado de los tres grandes hubs tecnológicos del gigante asiático (situados en Pekín, Shenzhen y Hangzhou) no puede competir de tú a tú con Silicon Valley en todo lo relacionado con las ventas y los pagos electrónicos y mediante dispositivos móviles.

Esta digitalización, capilar y avanzada, hace de China un superviviente casi garantizado tanto del bloqueo estadounidense como del coronavirus. En un duelo de situaciones que tienen en común el cese de movimientos físicos, es fácil prever que aquel que no necesite moverse en lo real porque lo hace mejor que nadie en lo digital, acabará cantando victoria.

La fuerza de lo endógeno

Una objeción que suele ponerse a la hegemonía del gigante asiático es que su dominio del ecommerce se debe, sobre todo, a que su mercado es inmenso, a que sus empresas saben replicar rápidamente las innovaciones que brotan de Estados Unidos y a que el Gobierno ha restringido la competencia de operadores como Google para favorecer a sus campeones nacionales. En paralelo, añaden los críticos, la intervención del estado en Internet mediante iniciativas como el Gran Cortafuegos limita la capacidad disruptiva de los emprendedores.

Y aunque todo eso es cierto en alguna medida, no es, ni mucho menos, toda la verdad. Al fin y el cabo, no explica por qué los competidores chinos han derrotado a grandes empresas de Silicon Valley en segmentos mucho menos sensibles políticamente que los que dominan Google o Facebook. Por eso, eBay y Uber tuvieron que hacer las maletas, Walmart se vio obligada a sellar una alianza con su adversario local JD.com y Amazon ha sido el último que ha admitido su derrota.

Amazon, que cerró su marketplace en el gigante asiático el pasado mes de julio, según Nomura Securities, apenas dominaba el 6% del mercado. Uno de los motivos de su retirada fue que los envíos de sus competidores eran más baratos y que sus ofertas superaron con mucho el atractivo de la suscripción Prime.

Como las proporciones del mercado son fabulosas, le compensa quedarse, pero ya solo comercializa los servicios de Amazon Web Services, libros digitales, su eReader (el Kindle), los productos que las empresas locales quieran vender en el extranjero y los que los vendedores externos extranjeros quieran ofrecer en China desde portales como Amazon UK o Amazon.com.

Made in China: ¿Un sello de inferioridad o superioridad?

Hace algunos años se tenía la creencia equivocada de que el sello "Made in China" denotaba baja calidad y, prácticamente significaba de forma inequívoca que nos enfrentábamos a una copia poco conseguida de algún artículo de nuestro interés.

A día de hoy, aunque hay consenso al reconocer la capacidad de la maquinaria industrial china para replicar objetos concebidos y ensamblados en otras partes del mundo, el mito de la mala calidad se ha echado a un lado dando paso a un verdadero boom de marcas chinas que consiguen legiones de seguidores en todo el planeta. Un ejemplo muy claro: Xiaomi. Es posible que actualmente el "Made in China" sea más una cicatriz de batalla de marcas que han conseguido sacudirse un estigma y darse su lugar, que una denuncia de imitación o de calidad limitada.

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Hemos llegado a un punto en el que es difícil decir quién copia a quién. China, podría superar en 2025 a Estados Unidos en la investigación de la inteligencia artificial y registró el 40% de las patentes del mundo en 2018. Además, según la consultora Eurasia, las empresas del gigante asiático podrían poseer ya el 40% de las patentes esenciales de las redes 5G y sus redes nacionales podrían dar el salto y operar sin necesidad de apoyarse en las ‘viejas’ 4G en 2020, es decir, cinco años antes que las de Estados Unidos y la Unión Europea.

Hablemos de tecnología aplicada y de productos que ya están en el mercado. Frente a la relativamente rudimentaria WhatsApp, la china WeChat lleva años no solo como aplicación de mensajería instantanea, sino también como uno de los motores del ecommerce del gigante asiático. Es más, se ha convertido en una de las razones por las que la inmensa mayoría de las compras por Internet del país se realiza mediante el teléfono móvil. Según eMarketer, el 81% de los usuarios chinos de smartphones los utilizará para pagar este año, frente al 27% de los usuarios americanos. La situación ha llegado a un punto en el que la segunda economía mundial parece llamada a convertirse en la primera potencia que relegará casi totalmente el uso del dinero en metálico.

Envíos gratis en 30 minutos

Por otro lado, la revolución tecnológica de las tiendas físicas está mucho más avanzada en el gigante asiático gracias a cadenas con cientos de supermercados como Hema (propiedad de Alibaba) o las franquicias 7Fresh, que apadrina JD.com. Esto, conviene decirlo, no significa que los espacios se hayan transformado en platillos volantes, sino que sus sistemas de autofacturación son rompedores (se acabaron las colas), que su integración entre el inventario físico y el que se ofrece digitalmente es total y que incentivan unas entregas en casa que son baratas y rapidísimas (se acabó lo de cargar con las bolsas).

Así, por ejemplo, JD.com ha incluido en su plataforma digital parte del surtido de 20.000 comercios tradicionales, 175 hipermercados de Walmart entre ellos, para poder realizar entregas en 30 minutos de arroz, mantequilla, bebidas no alcohólicas y cerveza. Subrayemos esto: mientras en Europa discutimos si compensan o no los envíos en una hora, en China ya están experimentando con los envíos en 30 minutos.

También es más difícil saber quién copia a quién porque el paradigma chino de la distribución está desplazando al paradigma americano en todo el mundo. Paradigma chino: reconocible porque pone el énfasis en internet y segundo en las tiendas físicas. Sostiene que las tiendas físicas deben ser una ventana formidable a la experiencia del comercio electrónico e incorporar muchas de sus ventajas, tecnologías y facilidades.

El segundo intenta utilizar el espacio digital para atraer a los consumidores a unos comercios a pie de calle donde podrán disfrutar de una experiencia única (nadie se va de compras con sus amigas en internet y allí tampoco se puede exprimir el conocimiento de un vendedor experto).

Por eso, cuando se afirma que las grandes empresas de comercio electrónico chinas solo tienen influencia y éxito en su país, es una verdad a medias. Tanto si Alibaba o JD.com se posicionan bien en Europa o Estados Unidos como si no, lo cierto es que ellas están imponiendo su forma de hacer negocios en todo el mundo de un modo similar al de sus rivales estadounidenses. La gran diferencia es que ellas lo hacen sin apenas moverse de casa.

China: de la represión al caso de éxito

Por último queda la objeción de que los emprendedores digitales chinos tienen como techo la intervención del Gobierno en Internet, entre la que destaca el Gran Cortafuegos. Y lo primero que hay que decir es que esa intervención es la misma que ha alentado el ascenso de Alibaba o JD.com hasta el pináculo del poder del ecommerce mundial.

En segundo lugar, la administración pública china, además de cortapisar algunos proyectos, también es la que más invierte en innovación según la OCDE. Esta inversión favorece con sus spillovers a los emprendedores tecnológicos locales. Finalmente, en tercer lugar, del mismo modo que existen regulaciones que reducen el margen de maniobra de las empresas digitales, hay otras que les sirven de combustible. Por ejemplo, la protección de la privacidad es mucho más estricta en Europa que en China, y eso ha allanado el camino para la explosión de la industria de los datos masivos y el software de reconocimiento facial en China.

Si, como parece, el gigante asiático lleva una considerable ventaja en la revolución de las redes de quinta generación o 5G, ese liderazgo también alimentará el poder y la sofisticación de su comercio electrónico. Se combinarán unas autopistas de la información que permitirán correr más con la enorme capacidad de bólidos como Alibaba o JD.com. ¿Quién amenazará entonces el trono de China en el ecommerce mundial?