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Si alguna vez has intentado redactar ofertas de empleo en LinkedIn y has recibido poquísimas respuestas, o peor, respuestas que no tenían nada que ver con lo que buscabas, lo más probable es que el problema no estuviera en el perfil de tu negocio. La clave de todo suele estar en lograr que tu propuesta sea de las más atractivas.
Y no es algo raro: muchos autónomos y pequeñas empresas subestiman este paso, cuando en realidad es la primera impresión que un candidato tiene de tu negocio. La buena noticia es que no hace falta ser una gran empresa para redactar una oferta que llame la atención. Solo hay que tener claro qué contar y cómo contarlo.
El título de la oferta es lo primero que ve cualquier persona que esté buscando trabajo. Si es confuso o demasiado genérico, pasará de largo sin pensarlo dos veces.
Evita títulos como Profesional polivalente para empresa en crecimiento o Oportunidad para persona dinámica. Nadie busca trabajo con esos términos. Usa el nombre real del puesto: Dependiente/a para tienda de alimentación en Madrid o Técnico/a de fontanería para empresa familiar en Valencia funcionan mucho mejor porque son directos y fáciles de encontrar.
Antes de explicar qué necesitas, dedica dos o tres líneas a presentar tu negocio. No hace falta un discurso corporativo: basta con decir qué haces, dónde estás y cuánta gente sois.
Un ejemplo sería: Somos una peluquería familiar en el centro de Sevilla, llevamos 15 años trabajando en el barrio y ahora buscamos ampliar el equipo.
Ese tipo de presentación genera confianza y da contexto. El candidato sabe desde el principio si tu empresa encaja con lo que está buscando.
Aquí es donde muchas ofertas fallan. Se llenan de requisitos vagos como persona proactiva con capacidad de trabajo en equipo sin decir realmente qué va a hacer esa persona en su día a día.
Describe las tareas principales del puesto de forma clara y sencilla. Por ejemplo: Te encargarás de atender a los clientes, gestionar el mostrador y ayudar con los pedidos de mercancía. Eso sí, no hagas una lista interminable de responsabilidades: con cuatro o cinco puntos bien explicados es suficiente.
Con los requisitos pasa algo parecido. Pide lo que realmente necesitas, no lo que estaría bien tener en un mundo ideal. Si para el puesto no es imprescindible tener un título universitario, no lo pongas como requisito. Pedirle a un candidato para repartidor que tenga un nivel de inglés B2 solo te va a hacer perder candidatos válidos.
Este es uno de los puntos que más debate genera, pero los datos son bastante claros: las ofertas que incluyen el rango salarial reciben muchas más candidaturas y mejores. Cuando no aparece el sueldo, muchos candidatos dan por hecho que no compensa y no aplican.
No tienes que dar una cifra exacta si no quieres. Un rango honesto como entre 1.200 y 1.400 euros brutos al mes ya es suficiente para que el candidato sepa si merece la pena seguir leyendo.
Más allá del salario, hay cosas que los candidatos valoran mucho y que no siempre se mencionan: el horario, si hay jornada continua o partida, si el contrato es indefinido o temporal, si se puede conciliar con la familia...
No hace falta que ofrezcas beneficios de gran empresa. Si tienes un ambiente cercano, horarios razonables o posibilidades de quedarse en la empresa a largo plazo, dilo. Eso puede ser justo lo que haga que alguien se decante por tu oferta frente a otra.
Una oferta llena de faltas de ortografía o con un texto en mayúsculas da muy mala impresión. No tienes que escribir con un lenguaje formal ni elegante, pero sí con claridad y corrección básica.
Evita también el lenguaje demasiado rimbombante. Frases como "buscamos un perfil disruptivo para liderar nuestro ecosistema de negocio" en una frutería o una tienda de barrio suenan fuera de lugar. Habla como hablarías con alguien en persona.
Divide el texto en bloques cortos con algún subtítulo o lista cuando toque. Añade una llamada a la acción clara al final: Si te interesa, escríbenos por mensaje directo o envía tu CV a... Y revisa la oferta antes de publicarla, a poder ser con alguien de confianza que la lea con ojos frescos.
Antes de publicar tu próxima oferta, léela en voz alta. Si algo te suena raro o no queda claro a la primera, cámbialo. Si no sabrías explicarle el puesto a un amigo en dos minutos con esas palabras, la oferta todavía no está lista. Esa pequeña prueba puede ahorrarte muchas candidaturas descartadas y bastante tiempo perdido.
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