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¿Cómo llega una startup a convertirse en unicornio?

13 min

La transformación digital y el acelerado ritmo de los mercados han empujado a algunas empresas hacia el liderazgo mundial


Pese a ser un apelativo simbólico, para miles de startups no ha tardado en convertirse en objetivo propio. Los unicornios son ahora los referentes que miden el éxito empresarial de los emprendedores aupados por la transformación digital. Este concepto, creado hace menos de una década, ha logrado reconvertir propósitos y expectativas, reorientando modelos de negocio hacia un intangible que solo hace referencia a valores financieros. ¿Es más eficiente un unicornio que una startup convencional? ¿Cómo se diferencian entre ellas? Las dudas afloran con cada vez más intensidad entre los expertos, y comienzan a dejar evidencias no tan cerradas en un contexto de crisis profunda como el que está generando la pandemia del COVID-19.

De acuerdo con el ranking anual de CB Insights, en el mundo existen actualmente 465 compañías consideradas unicornios, con un valor agregado en el mercado de 1.372 trillones de dólares. Es decir, que hay casi medio millón de negocios con una estimación superior a los 1.000 millones, según los estándares de mercado. Más de la mitad de estas firmas se encuentran en Estados Unidos, mientras China continúa presionando ejercicio a ejercicio, y Europa se queda con un simbólico 12% de la tarta, aportando unos 100.000 millones de dólares. En España, los baluartes de esta abstracción lo representan dos firmas: Cabify y Glovo. Aunque en los últimos años no ha dejado de crecer la presión por parte de otra decena de empresas.

Global Switch, la británica especializada en Data Centers y Cloud Service, es la que lidera el empuje del Viejo Continente, con un valor de 11.100 millones de dólares. Tanto esta, como el resto de las integrantes del ranking, muestran unas señas de identidad claras, que ya quedaron bien definidas hace más de un lustro por las figuras de vanguardia surgidas en Silicon Valley. Fue allí, en la cuna de las primeras startups, donde una empresaria puso por primera vez nombre a este fenómeno. Donde se comenzó a dar alas a las directivas de medio mundo para que persiguieran objetivos claros entre la ingente incertidumbre que genera la digitalización y la cuarta revolución industrial.

De la utopía al fenómeno

En 2013, Facebook y Google —ahora consideradas superunicornios— hacía ya mucho que habían dejado ser esos proyectos techies creados por unos jóvenes con grandes ideas. Se habían convertido en mastodontes empresariales que fagocitaban tendencias y atraían miradas de otros emprendedores. Sin embargo, nadie, o casi nadie, reparaba en los factores que habían permitido florecer estos milagros tecnológicos. Siempre se hablaba del Valle del Silicio como un Edén para las startups, pero nunca se terminaban de poner encima de la mesa rasgos que permitieran dibujar modelos de estudio para el futuro.

En este contexto, Alien Lee, la CEO de Cowboy Ventures —una primitiva lanzadera de startups alojada en San Francisco—, se propuso identificar los patrones que sustentaban el milagro de las empresas más exitosas del siglo XX. Ahora bien, objeto del estudio no eran las compañías que demostraban más proactividad a la hora de liderar la transformación digital, sino aquellos negocios que habían nacido directamente bebiendo de estas innovaciones, y que habían terminado sobrepasando a los referentes del anterior siglo. Su interés particular ahondaba en la inflación de expectativas por parte de los motores de financiación, que estaban permitiendo volar a estas empresas.

“¿Por qué les importa a los inversores las salidas [a bolsa] milmillonarias?”, se preguntaba Lee en el artículo que dio origen al término “unicornio”. “Tradicionalmente, los principales fondos de inversión han obtenido beneficios de sus propiedades a través de unas pocas empresas, en un fondo determinado formado por otras muchas. Además, los fondos de riesgo clásicos han crecido en tamaño, necesitando mayores ‘salidas’ para ofrecer rendimientos aceptables.” Así, por ejemplo, un fondo valorado en 400 millones, necesitaba poseer el 20% del capital de dos compañías de 1.000 millones, o el 20% de una de 2.000 millones, al momento de salir a bolsa.

En 2003 Lee y otros compañeros iniciaron el Learning Project, un análisis del tejido empresarial construido a partir de fuentes públicas de datos, que venía acompañada con la tradicional limitación temporal que ofrecen los estudios estáticos. Y sí, casi una década después el panorama ha evolucionado hasta el punto de desvirtuar las valoraciones iniciales de los autores, pero el trabajo permitió establecer las primeras características claras que hoy día todavía siguen utilizándose para identificar a los llamados unicornios. Por ejemplo, aún es válida la clasificación en principales modelos de negocio: e-commerce BTC, público de consumo, SaaS (Software as a Service) y Business Software.

Casi la totalidad de las compañías incluidas en la lista de CB Insights operan en alguno de estos sectores, aunque ya no requieren de tantos años para entrar en ella como sí ocurría en la década pasada. Antes, la observación indicaba que se requería un promedio de 7 años antes de que una startup llegara a la gran inflexión que marcaba su lanzamiento.

Ahora, en cambio, es fácil observar cómo algunas empresas, desde su fundación hasta su éxito en términos de unicornio, no han necesitado ni 3 años para trascender. Eso sí, la reducción de plazos no significa que un negocio pueda ascender a unicornio con un primer producto revolucionario. Suele ser el primer paso para lograrlo, pero el atractivo para los inversores solo puede provenir de políticas y estrategias sostenidas en el tiempo. De hecho, el 90% de los unicornios originales todavía mantienen su visión de producto inicial.

Por ello se constituye como factor determinante la experiencia. Un emprendedor con ciertos fracasos a sus espaldas, o determinado recorrido en el mundo empresarial, es más factible que esté alineado con decisiones más acertadas. Lo que tampoco quiere decir que sea excluyente, y que un grupo de jóvenes con grandes ideas, puedan equiparar resultados. La media, no obstante, indica que los fundadores de este tipo de startups solían tener en torno a los 30 años de edad, y compartían experiencia de etapas formativas o emprendedoras amateur. Este perfil fue establecido por Lee y sus compañeros, atendiendo a la realidad más cercana. En dicho momento el fenómeno comenzaba a salir de Silicon Valley para extenderse por todo San Francisco.

En 2020 la región sigue ostentando un peso importante, pero ya no ejerce de referente internacional. Es China, que en 2018 creó un unicornio cada 3,8 días, la que ocupa tal papel. De hecho, actualmente, el unicornio más valorado del ranking no es otro que ByteDance (Toutiao), el conglomerado de plataformas soportadas por Inteligencia Artificial, del que forman parte fenómenos como TikTok, Vigo o TopBuzz. A esta le sigue otro unicornio del gigante asiático: Didi Chuxing, una plataforma de soluciones logísticas de transporte para el sector público y el privado.

El perfil del emprendedor chino es bien distinto al del estadounidense; tienen 23 años de media, y han crecido nutriéndose de una cultura empresarial menos circunspecta. Este país, sin embargo, no ha logrado modificar la composición de los emprendedores, la enorme desigualdad de género que existe entre los CEOs de los unicornios. De acuerdo con el estudio Woman in the Digital Age, solo 24 de cada 1.000 mujeres se gradúan en materias relacionadas con las TIC, y de estas tan solo 6 terminan trabajando en el sector digital. Fuera de estas ramas, la posibilidad de liderar una startup tecnológica del ranking es prácticamente nula.

Es necesaria una mejora en los incentivos para desalojar prejuicios respecto a las mujeres y las vocaciones”, sostiene Alicia Richart, directora general de DigitalES (Asociación Española para la Digitalización). En 2013 tan solo eran 3 las mujeres que lideraban unicornios, y en la actualidad esa cifra ha ascendido hasta las 23. Cosa que no representa ni el 5% del total de las compañías listadas en el prestigioso hall.

La receta del éxito

Parece innegable afirmar que todas estas empresas parten de un concepto transgresor y original, que cubre necesidades en nichos no cubiertos de los mercados. Ahora bien, los productos y servicios de los unicornios no son más que la parte visible de todo un entramado estratégico alejado de las lógicas empresariales más tradicionales. El impulsor real de este tipo de negocios es la financiación, recordando que para recibir el apelativo de la criatura mitológica se ha de alcanzar el valor de 1.000 millones de dólares sin cotizar en bolsa. Por ello ni Facebook ni Xiami ni Uber, los tres principales superunicornios, están incluidos en las listas.

Es habitual que las startups, antes de despegar, transiten unos primeros meses operativos con un flujo de caja negativo. La inversión inicial suele ser elevada, y el desconocimiento del mercado provoca que no abunden las contribuciones privadas. Lo que suele activar el mecanismo de crecimiento es el tiempo; la experiencia de los consumidores, el boca a boca, y las expectativas de futuro aparecen gracias a este. El efecto “bola de nieve” termina siendo inevitable cuando los primeros inversores depositan grandes sumas de capital, pensando en aprovechar un gap que la competencia no había detectado hasta el momento. Claro que, tanto estos como los atraídos en consecuencia, solo logran rentabilizar la apuesta cuando el unicornio sale definitivamente a bolsa.

Así, durante las primeras etapas de vida, el unicornio busca recaudar el capital semilla acudiendo al crowdfunding o micromecenazgo, mientras que las rondas de inversión se convierten en la herramienta principal de crecimiento durante la fase de expansión. Gracias a estas es como, por ejemplo, Glovo logró convertirse en el segundo unicornio español, tras Cabify. En abril de 2019 obtenían 150 millones de euros en una ronda en la que participaron empresas como Lakestar o el grupo Drake propietario de Papa John’s, y en diciembre del mismo año recogían otros 200 millones, para empujarla hacia una valoración definitiva de 1.100 millones.

Esta es una práctica, que de acuerdo con el informe Blooming Late, liderado por Tech.eu y Stripe, está en auge dentro de nuestro continente. Es más, las rondas de financiación para startups tecnológicas europeas se ha multiplicado por cuatro en los últimos 3 años, y solo en 2019 se registraron más de 52 rondas superiores a los 100 millones de euros. De ellas se beneficiaron compañías como la mencionada Glovo, pero también la británica Deliveroo, la germana N26 o la lusitana OutSystems. El 76% del capital proviene de fondos europeos, y están destinados principalmente a las FinTech. Si en 2016 las rondas de gran envergadura dejaron una inversión de 3.000 millones, solo entre enero y septiembre del año pasado ya ascendía el aporte a los 12.000 millones.

El segundo paso: hambre insaciable

Aunque de promedio los unicornios multiplican su valor por 34 en cortos periodos de tiempo, la literatura empresarial concuerda en que el crecimiento es volátil si no se toman medidas para consolidarlo. Y eso es precisamente lo que hacen estas empresas para sostener su exponencial desarrollo ¿Cómo? Fagocitando a otras startups más pequeñas en el menor tiempo posible, practicando las M&A (Merger and Acquisitions). Tal y como indica un análisis de Crunchbase al respecto, en 2007 los unicornios tardaban, de media, 8,33 años en hacer si primera compra, en 2012 este plazo se había reducido hasta los 4,1 años promedio, y en 2017 hasta los 2 años.

Resulta sorprendente que empresas con poco recorrido acudan de forma tan rápida a este tipo de decisiones, teniendo en cuenta la complejidad del proceso. Absorber o fusionarse con otra startup requiere pasar por un largo periodo de negociación, en el que se han de limar asperezas, resolver trabas burocráticas, y ceder recursos vitales para reforzar metas y confianzas. Los unicornios, por tanto, están haciendo esfuerzos desorbitados para llevar a buen puerto dichos trámites. Esto explica por qué crecen de forma tan rápida, y porque cuentan con un grado de escalabilidad muy superior al del resto de empresas convencionales.

La tendencia no implica que todos y cada uno de los unicornios alimenten sus expansiones mediante fusiones, pero sí señala un componente homogéneo. Uno que explica, en muchos casos, las diferencias insalvables entre, por ejemplo, las miles de pymes que componen la actividad económica en España, y la última idea arriesgada de Silicon Valley, cuyo nombre se expande a nivel internacional en cuestión de años.

¿Una falsa panacea?

La proliferación descontrolada de unicornios ha fomentado también que afloren decenas de voces discordantes con este fenómeno de aparente perfección. En tanto que el apelativo no deja de ser un intangible ideado por una empresaria para definir un hecho concreto, hay quienes manejan una posible inflación que no se traduciría en efectos reales sobre el valor añadido de las empresas, o los beneficios obtenidos. “Llegar a ser un unicornio es algo simbólico, pero su figura sólo responde a una valoración que le otorgan los inversores privados. Lo importante es que el negocio funcione”, explica a La Vanguardia Luis Martín Cabiedes, inversor y profesor del Iese. Alcanzar, por tanto, ese estatus, solo depende del interés que tienen los inversores por convertirse en accionistas del negocio en cuestión.

Aunque una empresa termine reflejando un valor de 1.000 millones de dólares, ese precio “no siempre se corresponde ni con la realidad ni con el valor de negocio”, añade. De hecho, algunos de los casos más alabados, como el de Uber o el de Snapchat, han evolucionado de forma negativa al empezar a sujetarse a las variaciones de las bolsas. La primera ha perdido un 25% del valor desde que salió al parquet, mientras que la app ha caído un 44%. Estos, que no son los únicos ejemplos, evidencian una evidente disonancia entre los números y la realidad; entre lo que pagan los expertos por sus acciones y el valor real que aportan sus productos y/o servicios.

Ante esta situación, en 2015 la cofundadora de Flickr, Caterina Fake acuñó una nueva denominación para las empresas ajenas al movimiento mitológico. Ella lo llamaba “La Era de las Cucarachas”, catalogando a los negocios más desconocidos y de lento crecimiento como los verdaderos ostentadores del éxito real. “Una plaga viene a matar a los unicornios, tal y como ya predijeron los expertos techies de todo el mundo”, sostenía. “Valoraciones infladas e insostenibles, una bolsa de valores inestable, una China débil, y las secuelas del excesivo entusiasmo, apuntan a lo inevitable”. Para ella la debacle está ya dictada, y en el camino se quedarán todas las startups atrapadas en ese juego de falsas expectativas.

El pinchazo, sin embargo, tardaría en llegar. A medida que la realidad vaya desmontando las corrientes especulativas, aquellas empresas ajenas a tendencias comenzarán a atraer la inversión, reforzadas por un halo de seguridad y garantía. “Las empresas que quieran sobrevivir a la crisis de financiación que se avecina tendrán que actuar con rapidez, reducir costes y planificar un futuro sin mucho dinero”, apostilla. “Tendrán que despedir personal, trasladar sus costosas oficinas del centro de la ciudad a los exorbitantes suburbios, adoptar modelos de negocios que generen ingresos, acabar con proyectos que no van a ninguna parte, vivir con menos”.

¿Cuándo sucederá? Las palabras de Fake no contemplaban una crisis mundial como la que ha producido la pandemia del coronavirus. Las bolsas de todo el mundo se mantienen en vilo a la espera de una firmeza por parte de los Bancos Centrales que no termina de llegar. Y es que, no hay peor enemigo para la especulación que la incertidumbre, y ni siquiera los científicos saben cuándo se podrá controlar el virus de forma segura. La agencia de brókeres Rosenblatt Securities exponía en un reciente reporte el grave peligro que corren todos los unicornios. De hecho, serían estos, capitaneados por las FinTech, los que más sufrirían la recesión.

Según el estudio, el 58% de los unicornios de este sector podrían contraerse un 15% de media, en el supuesto de que el impass económico se prolongue durante muchos meses. Esto supondría la evaporación de unos 76.000 millones de dólares, que actualmente se manejan a través de los mecanismos abstractos de las bolsas. Y no solo eso: la aparición de nuevos monocerotes también se vería sustituida por una economía de supervivencia cuyos efectos son más notables en startups con escasos recursos. Nadie puede prever el futuro, ni siquiera nosotros, pero si quieres estar preparado para él visita nuestra web o llama al 900 676 535. Seas o no un unicornio, en Yoigo Negocios tenemos un sitio para ti.