Cómo trabajar el interés compuesto para ser rentable con nuestro patrimonio


Los inversores en muchas ocasiones tienen dificultades para saber cómo generar rentabilidades con su patrimonio. Para ello, observan determinadas tendencias en los mercados que pueden marcar el camino en aras de que sus rendimientos sean más amplios en el largo plazo.

Sin embargo, una de las claves esenciales la puede tener un concepto, siempre y cuando uno sea metódico con el dinero: el interés compuesto. A continuación, podrás saber cuáles son los beneficios de esta estrategia y por qué es interesante desde el punto de vista del ahorro y la inversión.

Aproximación hacia el concepto del interés compuesto

En primer lugar, seguramente te puedas preguntar en qué consiste el interés compuesto y cómo puede generar rentabilidades en tus inversores. En este sentido, responder a la primera cuestión resulta bastante sencillo.

Se trata de aquel que se va sumando al capital inicial y sobre el que se van generando nuevos intereses”, argumentan los expertos de BBVA. “El dinero, en este caso, tiene un efecto multiplicador porque los intereses producen nuevos intereses”, añaden.

Por lo tanto, la siguiente pregunta a contestar es cuáles son sus características. Es decir, qué lo hace atractivo.

En primer lugar, según asegura José Luis Cárpatos, director de inversiones de Gloversia Eafi, explica que el capital inicial va creciendo en cada periodo porque se van sumando los intereses.

Además, la tasa de interés se aplica sobre un capital que va cambiando, mientras que los intereses aumentan en cada periodo”, añade. “Trabajar con el interés compuesto es bastante atractivo cuando las inversiones están enfocadas en el largo plazo”, destaca Victoria Torre, responsable de producto de Selg Bank.

La diferencia respecto al interés simple y cómo calcularlo

No obstante, antes de nada, es importante saber cuál es la diferencia que tiene con respecto al interés simple y cuál es la mejor manera de calcularlo. Así, la desigualdad reside, principalmente, en que el primero de todos no se suma al capital para poder generar nuevos intereses.

Se calcula sobre el capital que se ha depositado en el inicio, por lo que el interés que se obtiene en cada periodo es siempre el mismo”, puntualizan los expertos de BBVA.

¿Y cómo se puede calcular el interés compuesto? Hay una fórmula bastante esencial que se puede aplicar:

Kn= K0 x (1+i)n

Esta es la fórmula del interés compuesto, donde:

  • n es el número de períodos (normalmente, años).
  • K0 es el capital inicial.
  • Kn es el capital que tendremos al final.
  • i es el tipo de interés —o la rentabilidad— que obtenemos en cada período.

No obstante, lo más cómodo para poder entenderla es aplicando esta fórmula mediante un ejemplo:

Si se disponen 100 euros en una cuenta corriente, con un interés del 10% anual, al cabo de un año se ingresarán en dicha cuenta 10 euros en intereses”, ejemplifica Torre. Por tanto, el capital inicial pasaría de 100 euros a 110 euros.

Cuando termine el segundo periodo, los intereses generados serán 11 euros que es el resultado de aplicar el 10% sobre 110 euros”, añade la experta. Así las cosas, tendría el capital inicial más intereses del primer año y los intereses del segundo año, en total 121 euros. Y así progresivamente.

Pero imaginémonos que se parte de una inversión de 10.000 euros y se la aplica un interés simple del 10%. Cada año recibiríamos 1.000 euros. Por lo tanto, al cabo de 30 años, habríamos recibido 30.000 euros, lo que unido a nuestra inversión inicial sumaría 40.000 euros.

Pongamos esa misma comparación aplicando el interés compuesto.Eso supone que los 1.000 euros recibidos el primer año pasarán a formar parte de mi capital invertido, por lo que, en el segundo año, en vez de calcular el interés sobre nuestra inversión inicial de 10.000 euros, lo calcularíamos sobre la inversión inicial más la rentabilidad de 1.000 euros”, matiza Torre. Es decir, sobre 11.000 euros.

Al incrementar el capital invertido, los intereses también aumentan desde los 1.000 euros hasta los 1.100 euros. Y este efecto se produce todos los años. “Para que al final del período, el capital obtenido sea de 174.494 euros”, destaca la experta.

La aplicación del interés compuesto al ahorro

Imaginemos ahora un caso más habitual. No depositamos una cantidad de dinero en un momento dado y nos “olvidamos” de él 20 años, sino que vamos ahorrando poco a poco, durante ese período.

El vehículo de ahorro/inversión podría ser muy variado, pensemos en una inversión que nos dé una rentabilidad anual de un x% (por ejemplo, unas acciones con un dividendo estable, un fondo de inversión más o menos conservador, deuda pública, etcétera)”, cuenta José Luis Herrera, analista independiente.

Ahorrar cada mes puede resultar complicado en algunos casos, pues la tendencia habitual es gastar lo que tenemos. Por el contrario, es tremendamente relevante recordar la importancia del preahorro, y cómo puede ayudar en las metas financieras que se tengan.

Un caso habitual es que mucha gente no “preahorra” para comprar un coche, y sin embargo, una vez adquirido, tiene 250 o 300 euros para pagar la cuota mensual. ¿Por qué no lo hace con anterioridad?

Una vez establecido el plan de ahorro, imaginemos que eres capaz de ahorrar 250 euros al mes, que supondrían 3.000 euros al año”, opina el experto. Y que por ese dinero vas a obtener una rentabilidad del 5% anual. Ahora viene lo bueno del interés compuesto.

Supongamos que empiezas a los 42 años, y vas a utilizar lo que acumules para tu jubilación, dentro de 25 años. Al finalizar los 25 años, habrías invertido 75.000 euros (3.000×25), y tendrías 150.340 en tu cuenta.

El interés compuesto y el plazo

¿Dónde se aplica esencialmente el interés compuesto? Principalmente, en los fondos de inversión.

Al invertir en un fondo de inversión y hacerlo a largo plazo, el capital inicial que invertimos va generando unas rentabilidades, que hacen crecer nuestra cartera que, como cada vez es de mayor cuantía, con la misma rentabilidad nominal producirá más euros de rentabilidad en ganancias”, explica Torre.

En los últimos años, la conocida como hucha de las pensiones se ha consumido, y crece la preocupación acerca del futuro. Según una reciente encuesta, las enormes dificultades que encuentran los jóvenes para encontrar un empleo estable llevan a que hasta un 60% de los que tienen entre 30 y 44 años no se vean a sí mismos cobrando una pensión de jubilación en el futuro.

Paralelamente, aumenta el interés por otras alternativas. Si no vamos a cobrar una pensión pública, como piensan algunos, o muy posiblemente la cobremos, pero más exigua, deberíamos pensar en complementarla de alguna manera. ¿Cómo hacerlo? El interés compuesto nos puede ayudar.

Como se ha explicado con anterioridad el interés compuesto nos ayuda a que nuestro patrimonio crezca de forma más rápida y a que la rentabilidad final que obtengamos sea mayor.

Aquí, además, debemos tener en cuenta que, a mayor plazo de inversión, más notaremos las ventajas del interés compuesto porque reinvertir las ganancias que vamos obteniendo en el largo plazo es, sin duda, lo que más nos puede ayudar a la hora de conseguir la rentabilidad final que necesitamos para cumplir nuestras metas”, asegura Antonio Castelo, responsable de renta variable de iBroker.

En esta línea, si tenemos 20.000 euros y los dejamos durante el doble de tiempo invertidos, durante 40 años, por ejemplo, la cuantía final que obtendríamos gracias al interés compuesto sería de 63.766 euros, casi un 200% más que el capital inicial que se ha empleado.

Interes-compuesto

La impaciencia y la clave en la inversión

Uno de los dos aspectos claves del interés compuesto es el tiempo. Piensa por un momento en esa bola de nieve que va colina abajo. Comienza pequeña, pero cuanto más tiempo avanza, más grande se vuelve.

En inversiones en las que se aplica el interés compuesto sucede lo mismo. “Para reinvertir los beneficios que se van obteniendo y la bola de nieve se vaya haciendo cada vez más grande se necesita tiempo”, asegura Torre.

Con todo, ¿quién está dispuesto a esperar una o varias décadas para obtener resultados? Solo aquel que invierte con un objetivo a largo plazo. Con él es más fácil tener paciencia.

El otro elemento clave del interés compuesto es la inversión. “Ya puedes ser la persona más paciente del mundo, que si no inviertes (o lo haces mal), tampoco te aprovecharás del efecto del interés compuesto”, dice Castelo.

Para invertir se necesitan ahorros, conocimiento, además de un objetivo bien definido. “Pero la mayoría de la gente no invierte porque carece de alguno de estos elementos o de todos al mismo tiempo”, añade Cárpatos.

De esta manera, de los tres aspectos necesarios para invertir, dos dependen, en gran medida, de la situación personal y financiera de cada uno, el objetivo y el ahorro.

Cuidado con los tópicos

Aun así, hay que tener en consideración una serie de tópicos relacionados directamente con el concepto del interés compuesto. El primero de todos o el primer error de la fórmula que utilizan los bancos es el ignorar la existencia de impuestos.

Si por ejemplo hay que pagar un IRPF del 21% piensa que, de cada 100 euros que saques de intereses, hacienda se quedará con el 21% (eso suponiendo que no entres en otro tramo más alto)”, argumenta Herrera. Es muy distinto invertir 100 euros a interés compuesto que invertir solamente 79 euros.

El segundo fallo es emplear intereses muy generosos en los ejemplos. Todos los bancos usan intereses elevados en sus ejemplos de ahorro. Un 10, un 15 o un 20% son intereses muy interesantes, pero en la vida real, en una cuenta remunerada te pagan a duras penas el 2% y en un depósito te pueden dar el 5% si tienes suerte de encontrar alguna ganga.

Siendo muy optimistas se puede asegurar que en 50 años seguramente el interés medio que se obtenga no excederá el 2% anualizado. La multiplicación exponencial se reduce bastante si hacemos los cálculos con un 2% en lugar del 10 o 15% del ejemplo que pone el banco.

Cada 100 euros que sacamos de intereses en los ejemplos se quedan en 20 euros. No es igual reinvertir todos los años 100 euros que solo 20 euros.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que vemos euros del presente cuando en realidad son del futuro. Eso tiene que ver con que en todos los cálculos que hacen los bancos eliminan deliberadamente al más importante de todos los actores: la inflación.

Supongamos una inflación del 3% anual. “Para tener el dinero equivalente a 1000 euros de hoy, necesitaríamos tener o recuperar 1030 euros dentro de un año: como no se tiene en cuenta la inflación en los cálculos, la realidad es que en los ejemplos de los bancos, 1000 euros de hoy se quedan en solo 970 euros el primer año y así progresivamente”, expone Torre.

En último lugar, hay que tener presentes las comisiones que puedan cobrar en la entidad bancaria. Dependiendo del producto que nos ofrezcan a veces cobran alguna comisión de gestión, de mantenimiento de la inversión o como quieran llamar a esos costes añadidos.

Por tanto, el concepto del interés compuesto es interesante desde el punto de vista del ahorro e inversión en el largo plazo. Puede ayudar a que el capital disponible crezca de manera exponencial.

Por el contrario, hay que leer toda la letra pequeña e informarse muy bien antes de tomar cualquier tipo de decisión para que las finanzas personales no se vean comprometidas.

Las valoraciones vertidas por nuestros expertos son opiniones de carácter particular y no representan una recomendación de inversión concreta. Para maximizar los beneficios de tu capital consulta con un especialista para que te asesore conforme a tus necesidades.