¿Llega el monstruo de la inflación?: Cómo combatirlo desde la inversión

El alza de los precios fruto de la recuperación pospandemia impactará en las carteras de inversión de todo el mundo financiero.


Como sucede con muchas películas, el monstruo de la inflación puede ser uno de los mayores quebraderos de cabeza en el frente de la inversión. Sí, en los mercados financieros hay un actor invisible, un ente que todos deben aprender a combatirlo.

Hablamos de nada más ni nada menos que la inflación. Un gigante que ha permanecido dormido desde la crisis financiera del 2008 y que ahora está desperezándose de su gran letargo. ¿Que agua milagrosa eciste contra ella?

Eso es lo que se preguntan ahora millones de inversores de todo el mundo. La teoría explica bien este fenómeno y ofrece soluciones, pero no siempre encuentran aplicaciones válidas en la realidad.

Cada inflación es única en su contexto histórico, y por eso ahora resulta interesante saber qué efectos puede tener en las carteras de inversión y cómo se puede combatir para no tener mayores problemas a futuro.

La historia de la inflación y la previsión actual

En los últimos años el impacto de la globalización ha provocado que los precios se mantuvieran deprimidos en los principales mercados desarrollados.

La entrada de China como jugador destacado en el comercio mundial, junto con unas condiciones simétricas de gran endeudamiento en potencias como Estados Unidos, la Unión Europea o Japón, han generado una estabilidad en los IPC de la última década. Pero, ahora, la película parece anticipar un cambio de guion.

La recuperación de la pandemia ha cambiado el hilo argumental por completo. Los esquemas han saltado por los aires. En los últimos 12 meses en Estados Unidos las tasas de inflación de equilibrio a 10 años subieron y llegaron hasta el 2,6% a mediados de mayo.

Pero también las expectativas de inflación, expresadas por los swaps sobre los precios en la Eurozona, son superiores a los niveles vistos a principios de 2020, antes de la crisis pandémica.

Como consecuencia de estas subidas de precios, los costes de producción se están disparando; el Índice de Precios del Productor -IPP- estadounidense ha subido un 9,5% en 12 meses, la cifra más alta desde julio de 2008. Algo así debería repercutir, al menos parcialmente, en los precios al consumo, dada la actual tasa de ahorro de los hogares.

La incógnita que se plantea ahora es si la inflación seguirá manteniéndose en niveles elevados debido a factores estructurales, o si empezará a retroceder y cómo moverse en este escenario desde el punto de vista de la inversión. Es decir, de qué manera proteger nuestro dinero ante la aparición de este monstruo.

Los principales bancos centrales consideran actualmente que la fuerte subida de los precios es un fenómeno temporal. Suponen que, en cuanto las cadenas de suministro mundiales se normalicen y los efectos de recuperación se debiliten, cabe esperar una dinámica de precios más moderada de nuevo.

Las proyecciones de la Reserva Federal dejaron claro que el repunte de los precios se considera transitorio. No obstante, se ha producido un cambio significativo en las expectativas para este año tras los últimos datos.

Con estos movimientos prevemos que el banco central iniciará el tapering –retirada de los estímulos monetarios– a finales de este año y podría subir tipos antes de lo anunciado en 2023”, explica Borja Fernández, director de cuentas de Schroders.

Una panorámica de la situación con la que coincide Mauro Valle, responsable de renta fija de Generali Investments Partners, un repunte de la inflación debería hacer subir los tipos de interés.

Esta tendencia en los últimos meses ha sido bastante limitada, ya que los bancos centrales han mantenido una actitud bastante blanda y han podido mantener los tipos reales en territorio negativo, cerca de los mínimos absolutos”.

También, los bancos centrales están cambiando sus objetivos, aceptando periodos de mayores niveles de inflación para asegurarse de alcanzar sus objetivos en un horizonte temporal más largo.

Este enfoque implica una política monetaria más flexible y periodos de actitud dovish a pesar del aumento de la inflación y del crecimiento económico positivo”, explica Valle.

En este mes de septiembre, se podría ver si la Fed tiene razón y si la inflación vuelve a su objetivo a largo plazo del 2%.

Si la Reserva Federal se equivoca, nos espera un viaje muy incómodo a finales de año, aunque, dicho esto, es mucho más barato cubrirse contra la inflación hoy en día, aunque podría ser todavía demasiado temprano”, analiza Simon Lue-Fong, Head of Fixed Income, Vontobel.

Efectos en las carteras de inversión

Como en todas las películas de terror, los finales son siempre una incógnita. Ante la perspectiva de nuevas presiones sobre los precios a medio plazo, los debates sobre una reducción gradual de las políticas monetarias expansivas son cada vez más fuertes.

Suponemos que los bancos centrales –especialmente, la Fed– suavizarán sus estímulos, sin precedentes en la historia, empezando por una pequeña reducción de las compras mensuales de activos en el último trimestre de 2021”, comenta Roman Kostal, gestor del fondo MainFirst Absolute Return Multi Asset.

Este sería el preludio de su eliminación en los próximos 12 meses y del inicio de una lenta subida de los tipos de interés en el cuarto trimestre de 2022”, añade.

Al mismo tiempo, se espera que el BCE elimine gradualmente sus compras de activos en marzo de 2022, pero podría esperar hasta 2023 para aumentar los tipos de interés, tal y como añade Kostal al respecto.

En consecuencia, los tipos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años podrían superar el umbral del 2% este año y subir entre 50 y 100 puntos básicos más a lo largo de 2022.

Mientras, en Europa, cabría esperar que los tipos a 10 años suban hasta un nivel cercano al 0%, antes de aumentar hasta el 0,25 - 0,50% durante 2022”, opina Kostal.

Frente a este esquema, en el corto y medio plazo, hay factores como la recuperación económica, la evolución de los precios de los fletes, la vacunación desigual, la evolución de los créditos bancarios en Estados Unidos o una normalización monetaria en China.

Esto se debería seguir de cerca para averiguar qué rumbo tomará la inflación para tomar decisiones de inversión.

El cambio de la inflación en la política monetaria

Si la inflación vuelve rápidamente y se mantiene, habría que reevaluar las perspectivas de la política monetaria. Los bancos centrales de todo el mundo se verían presionados a endurecer sus políticas y frenar la liquidez.

Los mercados de bonos comenzarían a descontar tipos más altos y se produciría un período de volatilidad financiera con caídas tanto de los mercados de acciones como de bonos”, dice Fernández.

La deuda que los países han acumulado desde la crisis financiera podría frenar el crecimiento y limitar el gasto, en caso de que los rendimientos aumenten notablemente a largo plazo.

El sistema monetario se derrumbaría bajo su propia carga de intereses. Pero como los bancos centrales son conscientes de ello, no lo dejarán llegar tan lejos. Por lo tanto, suponemos que la política monetaria de los bancos centrales se moverá hacia tipos neutros, pero es probable que se mantenga relativamente baja.

Esto será así porque los países del G4 (EE. UU., Japón, Alemania y Gran Bretaña) se enfrentan a un periodo de estancamiento de las economías tras el reciente y sorprendente repunte de la pandemia.

¿Y qué efectos puede tener un entorno inflacionario a la hora de construir una cartera de inversión? Según Valle, si los bancos centrales consiguen gestionar las expectativas de inflación, la subida de los tipos de interés será limitada y, lo que es más importante, se producirá de forma ordenada.

En este caso, el impacto en la cartera de una subida moderada de los tipos será limitado y debería compensarse con inversiones en bonos con mayor rentabilidad”, señala.

El crédito corporativo de mercados desarrollados como protección

¿De qué manera es mejor protegerse con este despegue de la inflación? Lue-Fong considera que los mercados de crédito desarrollados todavía ofrecen suficiente protección a pesar de la muy buena recuperación desde el estallido de la Covid-19.

Los mercados han pasado de una fuerte compresión de los diferenciales a una leve compresión y carry”, afirma.

Sin embargo, cree que continuará la atención en arreglar los balances de las empresas. Las calificaciones se han vuelto más positivas recientemente y las tasas de impago previstas son bajas, tanto para Europa como para Estados Unidos.

“Algunos sectores y compañías individuales siguen cotizando ampliamente a los niveles anteriores a la crisis de la covid-19 (…) Dado que la demanda de crédito, como clase de activo de baja volatilidad, sigue siendo favorable, creo que es realista un mayor ajuste de los diferenciales hasta el verano”, afirma.

Con todo, el experto señala que los inversores deberían evitar los segmentos de mercado o los bonos individuales con diferenciales y rendimientos bajos, ya que la protección contra cualquier volatilidad sigue siendo baja.

Lo mismo se aplica a los créditos que podrían desviarse de su trayectoria favorable a los inversores: son interesantes las llamadas estrellas ascendentes”, ejemplifica Lue-Fong.

Se trata de empresas que van a pasar de la calificación de alto rendimiento a la de grado de inversión, y de algunos bonos subordinados en los que los rendimientos tienden a ser más altos y la duración más baja, lo que ofrece una buena protección”, aconseja.

La posibilidad de los sectores más beneficiados en la bolsa y la evitación de los perjudicados en bolsa

La decisión más importante en cuanto a la asignación de activos es la preferencia por los activos tangibles en relación con los bonos para hacer frente a la infación, según los expertos.

Históricamente, las fases de fuerte crecimiento económico acompañadas de tipos de interés reales negativos han sido en general positivas para los mercados de valores, las materias primas y las inversiones inmobiliarias.

Un buen ejemplo lo encontramos en la década de 1950, cuando los fondos de la Reserva Federal se mantuvieron por debajo de la inflación subyacente para hacer frente a la montaña de deuda tras la segunda guerra mundial.

Si se necesita alguna exposición a los bonos (por motivos normativos o de riesgo), una duración corta podría ser apropiada para limitar los efectos negativos del rendimiento a corto plazo”, dice Kostal.

Asimismo, una estructura global amplia en términos de exposición a las divisas también podría ser una herramienta útil para equilibrar los riesgos. “Como se ha mencionado anteriormente, preferiríamos el dólar australiano o la corona noruega desde la perspectiva relativa al dólar estadounidense o al euro”, relata.

De este modo, como ya hemos visto dos veces este año, a finales de febrero y a principios de mayo, un repunte bajista de la curva de rendimientos se considera positivo para los sectores financiero, de materiales y energético.

La fuerte correlación positiva entre los valores de la minería y el petróleo y el gas con la subida de los precios de las materias primas a corto plazo parece evidente, pero a largo plazo podría desvanecerse, debido a la agenda de descarbonización mundial.

En el sector financiero, la actual presión sobre los márgenes de interés neto debería remitir, pero esto necesitará algún tiempo para hacerse visible en los beneficios netos de los bancos, ya que las carteras de préstamos tienen que ser renovadas a niveles de tipos de interés más altos”, ahonda Kostal.

Desde el punto de vista empresarial, los efectos negativos del aumento de la inflación no son un gran problema en sí mismo, siempre que la fuerte demanda sea el principal motor. La mayoría de las empresas pueden ajustar sus precios rápidamente y proteger sus márgenes.

Por lo tanto, no es sorprendente ver una temporada de presentación de resultados muy sólida en el primer semestre de este año, a pesar del aumento de los precios de los insumos.

No obstante, algunas cadenas de valor se ven afectadas por la escasez de productos básicos y no han podido beneficiarse plenamente del fuerte nivel de demanda con la inflación como telón de fondo.

Esta cuestión ha sido subrayada, por ejemplo, por muchos fabricantes de automóviles en relación con la escasez de semiconductores”, cuenta Kostal.

En ese contexto, la selección activa de existencias es la mejor manera de evaluar qué empresas han podido asegurarse el suministro y podrían limitar los efectos negativos de la falta de piezas en su producción derivada de un entorno de inflación”, sentencia.

El monstruo de la inflación parece que va a ser el tormento de los inversores durante los próximos meses. Saber cómo va a impactar y qué se puede hacer es fundamental para evitar la pérdida de poder adquisitivo en el largo plazo.

Las valoraciones vertidas por nuestros expertos son opiniones de carácter particular y no representan una recomendación de inversión concreta. Para maximizar los beneficios de tu capital consulta con un especialista para que te asesore conforme a tus necesidades.